¿Eres un restaurante Fooding?

Igual ya lo eres, pero te falta comunicarlo a esos FOODIES ansiosos de entrar en tu restaurante y probar tu deliciosa cocina. O quizás te estés preguntando ¿Qué palabreja nos hemos sacado de la manga?

Exactamente, esta tendencia existe desde hace ya una década. Comenzó en Francia donde un grupo de críticos gastronómicos, se unieron para cambiar algunos platos de la gastronomía francesa que resultaban aburridos, así dejarían a un lado los rígidos criterios por los que se regía la cocina de este país.

Conociendo sus inicios, ¿Cómo se desarrolla este concepto en nuestro país? FOODING, es la unión de “food” comida y “feeling” sentimiento. Este movimiento quiere unir el PLACER de DEGUSTAR alimentos genuinos en ambientes confortables y posiblemente únicos, generando una experiencia INOLVIDABLE. Cuando hablo de DEGUSTAR, no me refiero a comer por comer, si no que el ambiente donde como tiene el mismo valor que el plato. ¿Cómo conseguimos esto? Mediante el diseño del local, unificando arte y comida, como una buena música o cualquier otra representación artística, entre otras maneras. Esto por supuesto, va en contra del conocido como FASTFOOD, ya no tanto por los ingredientes, si no por el OBJETIVO con el que se va a comer a estos lugares: básicamente alimentarse de manera rápida y básica.

El principal eje de este movimiento, es que NO lo hay. Lo que prima es un cruce de gustos y estilos, dejando a un lado cualquier cosa que sugiera lo tradicional o lo que ya me espero. En este movimiento, LO QUE ESPERAS no tiene sentido, más bien LO QUE ESTÁ POR VENIR.  Quizás pueda resultar filosófico, pero para quienes nos gusta la gastronomía, es un arte como cualquier otro y, por lo tanto, también tiene su punto abstracto.

Otro tema importante, es el PRECIO. Hoy en día, se puede acceder a productos innovadores, hechos por cocineros de primera línea, a un precio asequible. Además, soy del punto de vista de que en ocasiones, pequeños negocios con un “no tan renombrado cocinero”, te pueden ofrecer una experiencia de FOODGING fantástica.

Así que, si tú tienes un restaurante al que le quieres dar un salto CUALITATIVO, no tienes más que CONSULTARNOS. Estaremos encantados de ayudarte en tu proyecto. Nos encantan los retos y nos apasiona la gastronomía, somos como se dice en el término anglosajón unos FOODIES… ¿comenzamos?

CÓMO CONSEGUIR CLIENTES: ¿OPORTUNIDAD DE NEGOCIO?

¿QUÉ LES GUSTA?
La Generación Millennial ó Generación Y, son jóvenes nacidos entre los 80 y 90, crecidos en un ambiente de bonanza económica, y convertidos en adultos, con la gran crisis. Controlan el tiempo dedicado al trabajo y ocio, buscan alternativas para cualquier cosa que quieran comprar. Son grandes consumidores de novedades, eventos, ofertas… ¿hace cuánto no lanzas una acción comercial para tu negocio? Si hace más de un mes, serás invisible para esta generación.

¿QUÉ ESPERAN?
Por otro lado, antes era suficiente con dar un buen servicio a un buen precio. Ahora debes superar sus expectativas, pero ¿sabes cuáles son? Necesitas ampliar tu conocimiento, dar un paso en tu CRM (base de datos de clientes). Utiliza a tu favor la gran información que te aportan los clientes cuando visitan tu negocio y la que puedes encontrar en la red, ¿pero sabes gestionar tal cantidad de información?

¿CÓMO SE COMUNICAN?
Son nativos digitales. Sus relaciones cotidianas están intermediadas por una pantalla. Si tu público objetivo es éste, la publicidad clásica no te servirá. Utiliza el MARKETING DE CONTENIDOS. ¿Qué es eso? Este tema es muy extenso, dedicaremos otro artículo, pero resumiendo, es ofrecer en medios digitales contenido útil e interesante, sin intentar vender nada, sólo generando confianza y credibilidad. Son consumidores de información y predicadores de opiniones, por lo que debes tener una reputación online cuidada y actualizada.

¿CÓMO SE FIDELIZAN?
Quieren sentirse protagonistas y participar de forma activa con las empresas. Valoran la transparencia, sostenibilidad y que se un compromiso socio-medioambiental. Debemos IMPLICAR (engagement) a los consumidores en la creación y desarrollo de tus productos, y que vean que tu empresa colabora con la sociedad. De esta forma, conseguirás clientes fieles y que recomienden tu negocio.
¿QUÉ CONSIGO?
Conociendo a tus clientes, generando implicación y siendo visible en el mundo digital, conseguirás SOBREVIVIR a los Millennial o Generación Y. Y, si además lo profesionalizas con una buena Base de Datos, Marketing de Contenidos y Marketing Social, tendrás más OPORTUNIDAD DE NEGOCIO.

¿¡A qué esperas!?

UNA QUEJA… ¿ES UN REGALO?

A mí, sí me gusta cuando me piden mi opinión.
No sé si será porque el establecimiento cree que lo hace todo genial. Lo que sí pienso es que es síntoma de profesionalidad y de orientación al cliente. Luego está en manos del empresario utilizar esa información que le dejan sus clientes para tomar decisiones estratégicas.

Por ejemplo, la semana pasada fui a una farmacia y, mientras esperaba, encontré un taquito de hojas para valorar temas como la accesibilidad, el tiempo de espera o la atención al cliente. Y pensé, «qué bien, quieren saber la opinión de sus clientes sin pedir nada a cambio (me refiero a tus datos de contacto)». Y luego viene y me atiende un chico de unos 20 años, por su acepto debía ser del Este de Europa, con bastante poca idea sobre el medicamento en cuestión. Tiró de una compañera más mayor, que justo estaba en el mostrador de al lado, atendiendo a otra persona. La señora tampoco solucionó mucho mi duda. ¿Qué pasaría si los clientes de esa farmacia valoráramos como «muy mala» la solución de consultas, como tema que aparecía en el cuestionario? ¿Atendería el empresario a esta queja de los clientes?
Pues yo creo que DEBERÍA atender a esta petición porque, al final, y fruto de la urgencia, sí compré el medicamento, pero tengo claro que antes iré a otra farmacia que a aquella. El tema de las farmacias es así, la principal motivación de compra (al menos, en mi caso) es la confianza. Yo, no la recibí y no voy a arriesgarme a que me vuelvan a atender las mismas personas la próxima vez.

Ahora viene el postre… ¿hacemos bien los clientes en «castigar» a las empresas y establecimientos que «no cubren nuestras necesidades»? Pues yo creo que les hacemos un favor, un favor grande, un favor bastante importante: les ayudamos a mejorar. Si cada vez que un cliente que no fuera atendido como entiende que debería serlo, transmitiera su queja al local, España ganaría sin duda en CALIDAD DE SERVICIO, PROFESIONALIDAD y ATENCIÓN AL CLIENTE, puntos en los que, en comparación a otros países, dejamos mucho que desear.

Esto me recuerda otra anécdota, sucedida en mi época de estudiante. Eran rebajas y estaba dispuesta a comprar una oferta de 3 x 2 pares de zapatos. La jovencísima dependienta se hizo un lío calculando el precio final. Estaba equivocada y en ningún momento quiso darme la razón. Así que, desistí y se quedó con sus 3 pares de zapatos sobre el mostrador. Ahora vuelve a rebotar en mi cabeza el pensamiento que tuve saliendo de aquella tienda, «madre mía, como se entere tu jefe de que has dejado escapar una venta de 3 pares por tu falta de reacción…». Lo cierto es que hice mal en no quejarme, a saber si aquella zapatería sigue abierta.

¿ELIGES UN RESTAURANTE POR LA OPINIÓN DE OTROS?

Tiene gracia, la gente escribe sobre restaurantes y hoteles aun sin que nadie les pregunte su opinión.

El archiconocido TripAdvisor está repleto de Críticos Gastronómicos, Cocineros y Huéspedes VIP. Toda opinión es respetable, por supuesto, pero también hay que tener en cuenta que son siempre subjetivas y, depende mucho de qué tipo de persona la está emitiendo. Hay personas que puntúan el sitio como «normal» y luego describen «buena comida, un servicio atento y un lugar acogedor»; si eso para ellos es «normalito«, ¿que será lo «excelente«?

Éste no es un tema menor. Sin el ánimo de que penséis que soy una «pedante«, creo que los portales donde se emiten opiniones particulares deberían, antes de aceptar un comentario, plantear un formulario sobre el perfil sociológico del crítico. Es decir:
– edad
– profesión
– dinero invertido en restaurantes y/u hoteles en los últimos 3 meses
– estado de ánimo o, para clarificar la cuestión, en qué plan visitaba el local (cena de empresa, escapada romántica, comida familiar o reunión de ex-alumnos de la quinta del 74)

Conocer estas respuestas, nos puede ayudar a los demás, a dar por válida su opinión o a relativizar su crítica.
Que, ¿por qué? Pues porque si tienes 20 años, eres estudiante y sales a cenar una vez al mes, aunque siempre estés de buen rollo porque, en general tu único problema es que la paga te dé para todo, difícilmente te va a parecer bien comer en un restaurante por más de 20 euros. Todo lo que no sea llenarte la barriga a tope, beber lo máximo posible y salir a 18 euros por cabeza, te va a parecer o «normal» o «malo», incluso «pésimo» si vas viernes y no te quieren servir el menú que hay de lunes a jueves.
Sin embargo, si estás sobre los 40, trabajas en banca, sales a cenar todas las semanas y normalmente en compañía de tu reciente esposa, vas a valorar el mismo local con un «excelente», aunque las croquetas no estuvieran a la temperatura interior técnicamente correcta.
Ahora bien, si pasas de los 50, eres funcionario, solo sales una vez a año, y eliges ir a comer con tus dos hijos adolescentes, que están continuamente peleándose, y cualquier cosa que suceda en ese par de horas te va a parecer mal porque estás aburrido, tu opinión la podemos adivinar, ¿verdad?

Dejando atrás los esterotipos y, sin ánimo de haber ofendido a nadie, yo «soy masoca». Me gustar buscar nuevos sitios por internet, leer las críticas y «forjar mi propia opinión». Sí, soy de marketing, no juez, así que doy una oportunidad a todos los locales -a veces, más de una- y nunca escribo opiniones de locales en las redes sociales… a no ser que sean positivas 😉

Si estás de acuerdo, a partir de ahora, sé sincero y haz una crítica explicándonos un poco más sobre ti.

Si me la encuentro por los típicos portales, prometo escribirte dándote las gracias.

El peor de los fallos de un empresario

Sacar un negocio adelante no es fácil. Son muchas las piedras que hay en el camino: económicas (impuestos, ingresos, cobros), administrativas (licencias, permisos), laborales (salarios, personal adecuado)… y las propias que genera el negocio en sí. Pero, sin duda alguna, el peor fallo que puede cometer un empresario, en cualquier actividad, de cualquier tamaño, segmento económico… de todos, es la inacción.

La inacción es el hecho de no hacer.

No hacen falta carísimos estudios, informes económicos, datos oficiales… para que el empresario sepa si su negocio va bien o mal. He conocido muchos de estos que ante una situación mala, han empeñado todos sus esfuerzos en no hacer nada.

No hacer nada es lo más barato, aunque siempre puede salvarnos la divina providencia, o tener un póker de ases en su última apuesta empresarial, o pensar que la situación económica cambie y nos salve in extremis. Pensar que llenaremos el negocio de esta forma es la más difícil y a la vez casi la más usual. ¡Todos estos hechos raramente ocurren! ¡Las cosas no ocurren por arte de magia!

Cualquier empresario que se precie, debe estar siempre vigilante, tanto como si le va mal, como si ‘lo está petando’. En el primer caso es fundamental, dado que la longevidad de su negocio le va en ello, y aunque les pudiera parecer raro a algunos, en el segundo caso, casi es más importante que en el primero.

Se puede morir de éxito o fracasar en el intento, pero ninguna de las soluciones pasa por no hacer nada, así que, ¡¡a por ellos!!